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Nuestra Señora de la Piedad Imprimir
Al tomar posesión de la diócesis de Abancay, encontré dos Santuarios de la Virgen Santísima, ambos de la época colonial: el célebre santuario de Nuestra Señora de Cocharcas, a 230 kilómetros de Abancay, dedicado a la Virgen Candelaria - cuya fiesta se trasladó en la antigüedad, por razón de las lluvias, al 8 de septiembre-, y el santuario de la Virgen de Caipe, a 35 kilómetros, dedicado a la Visitación de la Virgen a su prima santa Isabel, cuya fiesta era el 2 de Julio en el anterior calendario litúrgico, y en Caipe continúan celebrándola el 2 de julio.

Muchas veces comentamos con el Padre Miguel Guitart -que era mi secretario y muy devoto de la Virgen- que era una lástima no tener más cerca de Abancay un santuario de la Virgen, para hacer romerías especialmente en el mes de Mayo, que está dedicado a nuestra Santísima Madre. Incluso habíamos mirado diversos lugares para construir allí un santuario, cuando pudiéramos comprar el terreno necesario, porque ambos santuarios existentes estaban demasiado lejos de la ciudad de Abancay, para hacer romerías a pie, rezando el Rosario con la juventud y otra gente devota de la Virgen Santísima.

De momento, con gran esfuerzo, fuimos arreglando el Santuario de Cocharcas, cuyas obras de restauración duraron tres años. Al final se celebraron los 350 años de su construcción con un Congreso Eucarístico Mariano sumamente interesante.

En mayo de 1978, el Señor Juan Cancio Camacho, un grupo de vecinos y alguna autoridad del pueblo de San Antonio -que está a 7 kilómetros de Abancay- vino al Obispado a solicitar la construcción de una capilla en su pueblo, en el terreno adquirido por un grupo de jóvenes promotores del pueblo de San Antonio. Pregunté dónde podríamos tener la Santa Misa el domingo siguiente y me dijeron que en la escuelita del pueblo. Otras veces habían utilizado una de las aulas como Capilla, y allí podrían preparar para la Santa Misa.

Quedamos que el domingo siguiente iría con mucho gusto a celebrarles la Santa Misa y después podríamos ver el lugar que tienen para construir la capilla.

Comenté al Padre Miguel Guitart que ese podría ser el lugar para el deseado santuario a la Virgen. Había que ver el terreno y, según como fuera, proponer al pueblo hacer un santuario en lugar de una capilla.

Fui el domingo a San Antonio a celebrar la Santa Misa. La gente del pueblo abarrotaba el aula y toda la escuelita. Todos estaban muy interesados en la construcción de una capilla para el pueblo.

Después de la Santa Misa, fuimos a ver el terreno que tenían para la construcción. Era un terreno de dos hectáreas y 490 metros cuadrados, en un lugar apacible y bello, ciertamente adecuado para poder construir un Santuario a la Virgen Santísima y para otras cosas más que fueran convenientes. El lugar estaba al lado de la carretera de Lima al Cuzco y sólo a 7 kilómetros de la ciudad de Abancay.

Me pareció que el lugar tenía las condiciones requeridas. Entonces, para que todos entendieran, expliqué a la gente qué era un santuario y para qué los cristianos los construían: que eran lugares especiales para dar culto y honrar a nuestra Madre del Cielo y pedirle favores. Podríamos dedicar este santuario a la Virgen Santísima con la advocación que ellos eligieran. Les dije que un santuario tendría que ser más grande que una simple capilla y que, siendo un santuario de la Virgen, atraería a los devotos de la ciudad de Abancay, que vendrían en romería a rezar y pedir favores a nuestra Madre del Cielo; con lo cual el pueblo de San Antonio crecería en importancia gracias al Santuario dedicado a la Virgen.

Toda la gente escuchaba muy atentamente y al final hubo un fuerte aplauso, como plena aceptación a la idea de cambiar el proyecto de una capilla por un santuario a la Virgen. Siguieron una serie de preguntas y aclaraciones sobre cómo realizar el proyecto.

Me comprometí a hacer los planes del santuario y dirigir la obra de construcción. Las autoridades y el pueblo de San Antonio, a su vez, se comprometían a construir el edificio con los materiales del lugar –piedras, adobes y palos de eucalipto-, y señalamos la fecha para colocar y bendecir la primera piedra.

El día señalado, me reuní en el terreno elegido con las autoridades y vecinos de San Antonio, con gran animación y entusiasmo, para colocar la primera piedra del Santuario. Les mostré los planos de la iglesia- santuario y determinamos el lugar exacto para la construcción, y allí se colocó y bendije la Primera Piedra.

Les mostré también unas cuantas estampas y postales de imágenes de la Virgen de diversas advocaciones, para que entre todos eligieran la advocación que deseaban. Les decía que todas se referían a la misma santísima Madre de Jesús, que ahora está en cuerpo y alma en el Cielo, pero que cada advocación indica una circunstancia de su vida o una virtud o el lugar donde se apareció o hizo algún milagro.

Escogieron la Virgen de la Piedad y me comprometí a buscar un buen escultor que hiciera la imagen.

Había conocido en Lima un escultor vasco-español llamado Julián Alangua. Fui a su taller de la avenida México y le encargué la imagen con las indicaciones siguientes: una imagen de la Piedad no dramática sino tierna y que inspire devoción. No la quería con el cadáver de Jesús sobre las rodillas de su Madre -como a veces se la representa-, porque no me parece posible ni natural. Mejor, el cadáver de Jesús apoyado –como sentado- en una roca del Calvario y recostado en el regazo de su Madre.

Así la hizo el escultor y aprobé el diseño cuando lo tenía modelado en barro, durante un viaje rápido que hice a Lima cuando me avisó el artista.

Una vez el señor Julián Alangua terminó la imagen, la trasladamos a los Barrios Altos de Lima, al taller de don Luis Sánchez. Éste era un excelente decorador y sabía colocar y bruñir bien el pan de oro. Necesitábamos pan de oro auténtico y el Padre Guillermo Hoffmann, párroco de Andahuaylas, me lo trajo de los Estados Unidos, en uno de los viajes a su tierra.

Mientras, en San Antonio se excavaron los cimientos y los llenaron de piedras y barro, hicieron adobes y comenzaron a levantar los muros de un metro de ancho. Llegamos al final del año 1978 y estaban avanzados los muros. Cayeron lluvias muy fuertes y persistentes, y las aguas se empozaron entre el cerro y el muro de adobes de la izquierda que se estaba levantando. Totalmente mojado, se cayó, de manera que, después de las lluvias, se tuvo que rehacer el muro izquierdo, colocando un refuerzo de cemento a lo largo, para evitar otro percance parecido en el futuro.

Al terminar el año 1979 estaban terminadas las paredes, colocados los tijerales de eucalipto y cubierto el santuario con teja andina. Quedaba para el año 1980 -que era el tercer Año Santo Mariano- construir la torre con bloquetas y separada de la iglesia, poner piso en el templo con mosaico vidriado y terminar los acabados. Habría que hacer las bancas y los muebles de la sacristía, poner las ventanas de hierro y la puerta ancha y alta -también de hierro-, para que se pudiera ver y saludar a la Virgen aunque estuviera cerrado el Santuario.

Aprovechando una visita pastoral por las punas de Andahuaylas hasta Pampachiri, mientras conducía la camioneta por aquellas punas inmensas, fui componiendo el himno a la Virgen de la Piedad, de manera que al regresar lo tenía ya compuesto y pudimos ensayarlo en la Catedral, a fin de que la gente lo aprendiera y, así, pudiéramos cantarlo en el traslado de la imagen al Santuario.

Dice así:

Salve Virgen de la Piedad,
de Abancay Reina y Señora.
Salve, Madre Dolorosa,
Salve, Madre de Bondad.

En Belén nos diste un capullo en flor,
Dios hecho Hombre nos nació;
Por nosotros ternura y amor.

En Nazaret, en el taller de José,
Nos enseñó a vivir cara a Dios
Y a santificar el diario quehacer.

Predicó la Ley de Salvación:
Amar a Dios y amar a nuestro hermano.
Sembró la tierra de amor divino y humano.

Un gran banquete tu Hijo instituyó:
Su Cuerpo y Sangre, Alma y Divinidad
Es el manjar de la mesa del Señor.

En la Pasión su Cuerpo destrozamos,
Con azotes, espinas y pecados.
¡Perdón!... ¡Perdón, Señora, perdón!

Para trasladar la imagen desde la Catedral al Santuario, se transformó en carroza la camioneta del Obispado, para llevar a la Virgen de la Piedad en la tolva. A los pies de la Virgen, niños y niñas vestidos de blanco con alitas de ángel. En medio de ellos, el Padre José Casero iba tocando con su gaita cantares a la Virgen.

Así, acompañando a la Santísima Virgen de la Piedad mucha gente de Abancay, de Tamburco y del mismo San Antonio, rezando el Rosario y cantando el Himno propio del Santuario, fuimos haciendo esta primera Romería, que sería el inicio de miles de Romerías, que se han ido haciendo en honor a la Virgen desde entonces, especialmente en los meses de mayo y durante el transcurso de estos veinticinco años.

Al llegar al Santuario, con gran júbilo, entronizamos la sagrada Imagen y celebré la Santa Misa. En la homilía le recordé a la gente la escena del Calvario:

“¡Dulcemente Jesús, después de la impiedad de los hombres, descansa en la Piedad de su Madre! Lacios los miembros, obedecen a sus caricias, reposan bajo su mirada, como cuando, mucho antes del sacrificio, cuando Niño, dormía en su regazo.

La Virgen en Belén entregó a los hombres un Niño gracioso y bello como un capullo de rosa en flor; ahora en el Calvario le devuelven sólo el tallo y las espinas...

¡Te amamos, dulce Madre de la Piedad! Y queremos que este Santuario sea tu casa y nuestra casa, donde encontremos el perdón de tu Hijo Jesús misericordioso y la firmeza en la fe y en el amor a Dios y a los hermanos, que son también tus hijos.
Virgen Santísima de la Piedad, acoge el perdón que claman tus hijos y danos tu bendición. Amén”.

Así quedó entronizada Nuestra Señora de la Piedad en su Santuario del pueblo de San Antonio, el 14 de Diciembre de 1980, tercer Año Santo Mariano.


+Enrique Pélach
Obispo emérito de Aban

 
 
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