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Cuando te pedí que me dijeras algo, tus manos -casi temblorosas, pero firmes- me han escrito: “Al cumplir 88 años, he recordado aquella mañana de junio, preocupado y nervioso por tantas cosas que tenía que hacer en la diócesis… Cuando en el oratorio (...) escuché una voz que me decía: “¡Tonto!”... Miré y no había nadie… Luego entendí lo que dijo: “Tú, sólo como instrumento”. Recuerdo que dije: “Si es así, me despreocupo. Hágase lo que tú quieras, cuando quieras y como quieras: Yo, instrumento en tu mano”.
Querido don Enrique, gracias por tu vida ejemplar. Sabes que la virtud es silenciosa; no hace ruido…, y caminaste con finura por ese sendero. Sólo los caballeros callan cuanto hacen. Lo dice el refrán: Haz bien y no mires a quien. Tu ocultamiento refleja perfectamente las palabras del Maestro: “Tu Padre que ve en lo oculto, te lo premiará”.
Gracias por tu entrega. Gracias por tu fidelidad, eres -ahora más que nunca- el sillar oculto, como el de las grandes construcciones, no se ven con los ojos carnales, pero sin ellos no hay edificio que resista. Has ejercido el ocultarme y desaparecer es lo mío, que sólo Jesús se luzca. Mons. Enrique, ahora que te has ido, sigue siendo el silencioso contribuyente al desarrollo de nuestra Patria. Como junto al Padre Eterno puedes más, te pedimos que nos ayudes también a los que quedamos en este valle de lágrimas, a darnos de veras a Dios y al prójimo, como tú lo hiciste.
Te hemos acompañado hasta tu última respiración, junto a tu lecho de dolor. ¡Cuánto hemos orado y también te lloramos!
Se ha cumplido lo que me dijiste esa vez: “La muerte, sé que vendrá y no sé cuándo ni cómo, pero tengo la firme esperanza que vendrá en el mejor momento: cuando Dios quiera. Esto me hace esperarla tranquilo y con ilusión. Es el paso necesario para ir al Cielo y yo deseo ir al Cielo y ver a Dios cara a cara y a mi Madre Santísima... Sé que puede venir la muerte con sufrimiento y esto me da algo de miedo, pero confío en la fortaleza que me dará el Señor y así lo pido a la Virgen”.
Don Enrique, descansa en paz. Pide al Señor y a su Madre bendita por nuestra fidelidad.
Tu hijo que te quiere, S.D.
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