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Centro Médico Santa Teresa Imprimir

ASÍ NACIO EL CENTRO MEDICO SANTA TERESA
Mons. Enrique Pélach, Obispo Emérito de Abancay

Los tres leprosos
En el asilo de ancianos hay un tópico que atiende la madre Celina. Como ella es muy servicial y cariñosa, y además quechuaparlante, el tópico se fue convirtiendo en un dispensario semipúblico, en el cual la Madre atendía cada vez a más gente pobre, que acudía a ella con sus dolencias.
Una mañana vino al obispado a decirme que, entre los enfermos que habían llegado, había tres que le parecían leprosos.
-¿Leprosos? ¿Dónde están?
-Les he hecho esperar para que los vea. -Vamos para allá.
Los vi, y evidentemente eran leprosos, y además con lepra lepromatosa, que es la más grave y deformante. Fui enseguida al Hospital Departamental a conversar con el Director, Dr. Max, y pedirle algo para ellos o que, si prefería, se los enviaba al Hospital.
-No, por favor, no me los envíe -me dijo- porque si ellos vienen, se me van los demás enfermos. Mejor que la Madre les dé unas sulfonas.
Me dio un frasco de la medicina para las primeras dosis, y añadió:
-No se preocupe, Monseñor, aquí no hay casi leprosos; quedan algunos tratados en un leprosorio ya desaparecido que hubo en Huambo, pero no es un problema grave.
Sin embargo, aquellos tres leprosos pasaron la voz a otros, diciéndoles que en el asilo la Madre los atendería y les daría medicinas. A la semana siguiente aparecieron por el asilo una docena de leprosos, y poco después pasaban de 30 y de 50.
Coincidió esto con un viaje mío a Roma. Le hablé de estos leprosos a Mons. Josemaría Escrivá. Enseguida me preguntó: -¿Son de tu diócesis?
-Sí, Padre, y nadie quiere atenderlos.
-Pero son hijos tuyos.
-¡Claro! Sí, Padre.
-Pues por tus hijos enfermos tienes que hacer todo lo que puedas, y si son leprosos, más, y si nadie quiere atenderlos, mucho más.
La respuesta del Padre era tajante. Conversamos sobre este tema un buen rato. El amor de San Josemaría por los enfermos adquiría tonos subidos, y si se trataba de contagiosos, en sus palabras se mezclaba la ternura y el heroísmo. Regresé de Roma sabiendo lo que tenía que hacer. Así nació la idea del Centro Médico Santa Teresa del Obispado de Abancay. Corría el año 1970.

Un leprosorio en la ciudad
Preví que no sería fácil conseguir permiso de las autoridades locales para construir, dentro de la ciudad, un centro para atender leprosos. Quizás me lo concederían, pero para construirlo lejos, muy lejos. Yo, sin embargo, lo quería construir en el terreno que habíamos comprado al lado del Monasterio para huerta del asilo, o sea dentro de la población.
Ante todo, pregunté a los leprosos que atendía la madre Celina en qué escuela o colegio estaban matriculados sus hijos. Supe que en todos los centros educativos había algún hijo o hija de leproso, aunque sus papás vivieran en poblados cercanos.
Con esta información, fui a visitar al Sr. Arcadi, que era el Prefecto, la primera autoridad del departamento, y le dije que pensaba construir un Centro Médico para atender leprosos, en la huerta del asilo.
-¡Cómo!... -dijo sobresaltado- ¿Dentro de la ciudad? -Sí, señor Prefecto.
-En medio de la ciudad, ¡de ninguna manera! Ni cerca tampoco.
-Mire, señor Prefecto, aquí tenemos terreno y las mismas Madres del Monasterio me los cuidarán. No será un leprosorio como el que hubo en Huambo, sino un Centro Médico que en forma ambulatoria atenderá a los leprosos, para curarlos y para que no contagien.
-No, señor Obispo. Admiro su buena voluntad, pero piense usted en un lugar lejano de la ciudad.
-Señor Arcadi, usted tiene cuatro hijos en el colegio, ¿no es así?
-Sí, cuatro aquí y tres mayores en Lima.
-¿Sabe usted que en el colegio al que van sus hijos van también varios hijos de leprosos, que duermen con sus padres, en las mismas camas y con las mismas frazadas, y comen en los mismos platos, y luego juegan con sus hijos y quizá incluso se intercambian un chicle?
-¿De veras?... ¿Usted lo sabe?
-Sí, señor Prefecto. ¿No cree que será mejor tratarlos e inmunizarlos, para que no sigan contagiando?
-¡Verdad que sí! Haga, haga, señor Obispo. Hay que hacer algo.
Seguidamente fui a ver al Sr. Alcalde, que tenía tres hijitas en un colegio de mujeres. Sucedió algo parecido, el mismo susto al imaginar a sus hijas jugando con niñas hijas de enfermos de lepra. Y la misma reacción final.
-¡Construya, señor Obispo, le ayudaré en todo!
Aunque luego su colaboración se limitara a aprobar los planos y a dar la licencia para construir el Centro Médico sin ninguna cobranza.
Por el mismo sistema conseguimos que otras instancias y la misma opinión pública no pusieran dificultades. Con la ayuda de los «Amigos de Abancay» de Gerona, se comenzó una sencilla construcción, de lo que iba a ser el Centro Médico Santa Teresa. La elección de este nombre tiene sentido: el Centro Médico fue inscrito en los registros públicos a nombre del Monasterio de las carmelitas, que sin duda tendrá una vida más larga que la mía.
Terminadas estas obras se hizo la inauguración del centro con toda solemnidad, en presencia de las autoridades y de muchos enfermos de lepra. Los enfermos estaban felices al ver que, por fin, había quien se ocupaba de ellos. ¡Cuántos besos y abrazos recibí de leprosos y de leprosas, que mostraban así su entusiasmo y su agradecimiento!
Después, en cuanto llegaron más ayudas económicas, fuimos haciendo ampliaciones e instalando más servicios y nuevos programas médicos de diversas especialidades, para cubrir, en la medida de lo posible, las necesidades de la gente pobre.
Un día el Ministro de Salud, ante unos informes que le presenté, me dijo:
-El Ministerio de Salud no podría hacer lo que ustedes hacen en Santa Teresa.
-¿Cómo, señor Ministro? Si nuestro Centro Médico es muy pequeño...
-Sí, muy pequeño, pero allí trabajan con «mística», y nosotros no.
Creo que en parte tenía razón. Trabajar con sincero amor a Dios y al prójimo realiza milagros.
Tenía razón también aquella buena anciana que, terminada mi visita pastoral a un pueblo y, cuando ya estaba sentado en la silla del caballo, vino corriendo hacia mí, avisándome con gestos que esperara. Me apeé del caballo para atenderla. Jadeante, se arrodilló y me dijo:
-Bendíceme, Padre, porque aquí morimos así no más.
¡Cuánto pensé en sus palabras durante el viaje de regreso! «Aquí morimos así no más»... sin médico, sin medicinas, sin sacerdote... «así no más».

SANTA TERESA EN LA ACTUALIDAD
Hace 36 años nació el Centro de Salud, bajo el auspicio de Mons. Enrique Pélach para controlar y curar el problema de los enfermos de lepra. Al descubrir un gran número de enfermos del Mal de Hansen, se construyó el Centro Médico Santa Teresa, bajo la Dirección del Obispado de Abancay.

En la actualidad ya no existe mal de Lepra y el Centro se dedica a curar toda clase de dolencias, atendiendo en primer lugar a los de escasos recursos económicos. Las enfermedades en las que pone más énfasis son: TBC, enfermedades transmisibles, Hepatitis, Leishmaniasis, endémicas en la Región de Apurímac y también esporotricosis.

Últimamente se ha ampliado el Centro de Salud Santa Teresa con nuevos ambientes, ya que se había quedado pequeño por la afluencia de pacientes y se han modernizado sus instalaciones.

El Centro está abierto mañana, tarde y también emergencias por la noche.

Los servicios son los siguientes:
Consultas, Laboratorio (análisis), Dental, Radiografías, Electrocardiogramas, Ecografías, Tópico, Ginecología y Obstetricia, Sala de Partos, Sala de rehabilitación, SIS (Seguro Integral de Salud), IRA (Enfermedades Respiratorias), EDA (Diarrea), CRED (crecimiento y Desarrollo del Niño), PAI (vacunas), PACFO (programas de Alimentación).

Teléfono: (083)- 321654; FAX (083) – 321654
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Av. Enrique Pélach s/n
Abancay – Apurímac

 
 
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Corpus Christi en Abancay.

Abancay amaneció para el día domingo 25 de mayo llena de hermosas alfombras que daban un especial encanto a las calles de esta cuidad, sin embargo a nadie sorprendió el echo puesto que este acontecimiento ya es una costumbre de todos los años para la solemnidad del Corpus Christi.

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