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Todo comenzó con un accidente y la posterior curación de sus secuelas. Unas astillas de maguey -que acababan de estar al fuego- se clavaron en una mano de Sebastián, de la que no podía ya valerse, y le causaban mucho dolor.
Un tiempo después emigró a Cuzco, buscando una mejor vida. Allí se enteró de los milagros que obraba la Virgen de Copacabana y, lleno de fe, decidió ir a pedirle su curación. No había llegado todavía a Copacabana cuando una noche, entre sueños, le pareció que una señora le llamaba. Al despertar al día siguiente, se dio con la sorpresa de que había desaparecido el dolor y estaba completamente curado.
En agradecimiento quiso llevar a su pueblo de Cocharcas una Imagen igual a la de Copacabana y pronto llegó a saber que el escultor Tito Yupanqui tenía una ya terminada. Como no tenía dinero para pagarla, viajó a la Paz, donde pidió permiso para limosnear, y recorriendo pueblos y ciudades, logró reunir la suma requerida, volvió a Copacabana y pagó por la Imagen.
Lleno de alegría emprendió el viaje de regreso a Cocharcas, levantando la fe y el entusiasmo de los pueblos por donde pasaba la Imagen, hasta llegar a Urcos. En Urcos el párroco no entendió tanta algarabía, pensando que quizá se trataba de ritos paganos, y denunció a Quimichu al señor Obispo de Cuzco, añadiendo la sospecha de que la Imagen habría sido robada. Y en Cuzco fue separado de la Imagen y metido a la cárcel, de la que salió pronto, al averiguarse la verdad, hecho que no hizo sino aumentar la devoción de más y más gente hacia la Señora y su Imagen.
Llegando ya cerca de Cocharcas, a propósito detuvo la Imagen de la Virgen por algunas semanas en la comunidad de Cayara, porque había que preparar antes en Cocharcas al menos una capilla para acoger a tan gran Señora. La capilla estuvo terminada en sólo dos meses y desde entonces la Santa Imagen se conoce con el nombre de 'Virgen de Cocharcas". Esto ocurría el año 1598.
La muerte de Quimichu
Santa María se fue metiendo en la vida de Sebastián, hasta el punto de que, cada día que pasaba, Sebastián Quimichu era más feliz y mas generoso. Decidido a levantar un templo digno de tal Imagen con su primo Tomás Cumascusi y una pequeña copia de la Imagen, regresó a Bolivia a recibir limosnas. Recorriendo Cochabamba en este afán, una enfermedad le causó la muerte y allí le enterraron. Una parte del dinero recaudado se empleó en el funeral y el resto se trajo a Cocharcas para comenzar el Santuario.
Años más tarde, sus restos fueron trasladados de Cochabamba a Cocharcas y hoy están enterrados en el interior del santuario, donde una pequeña lápida de mármol blanco lo recuerda (…).
La construcción del Santuario
La devoción a la Santísima Virgen de Cocharcas se extendió rápidamente a través de tan bella Imagen, y por los muchos favores de la Virgen y el buen ejemplo de Quimichu. Pobres y ricos, artistas y poderosos aunaron esfuerzos en la construcción del Santuario que hoy conocemos, el mismo que se comenzó a construir en el año 1598 y que se terminó veinticinco anos después, en 1623.
No es este el momento de describir una obra de tal importancia arquitectónica y artística, pero llama la atención especialmente el retablo del Altar Mayor, en madera tallada y policromada, con cinco bajorrelieves sobre la vida de la Virgen y 111 ángeles. Todo ello rodeando el rico camarín de Nuestra Reina y Señora, situado en el centro del retablo (…).
Otros datos interesantes
La conservación del Santuario no es una responsabilidad fácil, es un reto constante, a pesar de lo cual, en los últimos tiempos se han dado progresos notables y concretos, (…).
En el año 1973, organizamos en Cocharcas un Congreso Eucarístico Mariano, que ha dado a conocer todavía más a la Virgen de Cocharcas y ha fortalecido la fe de muchos fieles.
Una costumbre antigua y muy característica de la piedad popular de Cocharcas es aquella de 'los quimichus", cargando en sus hombros una cajuela que lleva dentro la Reina chica o la Reina grande (copias pequeñas de la Imagen) al son de una música que todos los devotos reconocen y pasando de pueblo en pueblo durante meses, sobre todo cuando se acerca la fiesta del 8 de setiembre, con el fin de recoger limosnas y ofrecer la Imagen de la Virgen a la piedad de los fieles.
Son innumerables las gracias espirituales y los favores materiales concedidos por la Virgen en estos cuatro siglos de historia. Cuidados solícitos tantas veces desconocidos por terceros, al quedar escondidos en la intimidad de las personas con la sencilla complicidad de Santa María.
No es éste el caso, por cierto, del Seminario Mayor de Abancay. Había que poner unos buenos fundamentos a los primeros pasos de la pastoral vocacional de la Diócesis. Y se comenzó por poner al Seminario el nombre de Nuestra Señora de Cocharcas. Los frutos no tardaron en llegar y hay que agradecer a la Virgen de Cocharcas tan generosa ayuda para bien de la Iglesia.
En 1991 un incendio desfiguró y quemó parcialmente la Sagrada Imagen de la Virgen. Fue un día muy triste para todos los devotos y para Cocharcas, a pesar de que dio paso a una sorprendente demostración de fe y de amor a la Virgen, cuya Imagen luce ahora espléndidamente restaurada. Varias veces a lo largo de estos cuatrocientos años, cuando todavía no había sido creada la Diócesis de Abancay y el pequeño pueblo de Cocharcas pertenecía al Obispado de Ayacucho, desde Roma llegaron breves (Documentos Papales) concediendo gracias especiales a los devotos. Pero es una alegría grande poder comunicar ahora que, en fecha muy reciente, la Santa Sede ha declarado oficialmente a la Virgen de Cocharcas como PATRONA DE LA DIÓCESIS DE ABANCAY”.
Y para terminar solamente añadir que, bajo la dirección y el impulso de nuestro Señor Obispo Mons. Isidro Sala Ribera, estuvimos todos empeñados en la preparación y realización del II Congreso Eucarístico Mariano, cuyos actos principales y clausura tuvieron lugar en Cocharcas del 7 al 9 de Septiembre de 1998, como parte del Programa del IV Centenario.
Cada 8 de septiembre se celebra la fiesta, muchísimos fieles peregrinan a Cocharcas con el fin de obtener favores y gracias.
¡Mamacha Cocharcas, bendice nuestra Diócesis abundantemente!
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