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“Yo me quedé sin nada para mí”
MONSEÑOR ENRIQUE PELACH
“Cuando llegué a Abancay, la ciudad tenía 12.000 habitantes y había seis sagrarios. Actualmente la ciudad tiene 80.000 habitantes y hay 27 sagrarios. El notable aumento de sagrarios se debe a la creación de los seminarios, noviciados, parroquias y obras apostólicas, que exigen la presencia del gran Amigo de todos” (…). (P.72).
“He besado muchas veces, con toda el alma, este nuevo suelo patrio. Lo he amado y tratado de servir en nombre de Dios, que me ha enviado a él” (p. 73).
(ENRIQUE PELACH, Abancay, Un Obispo en los Andes peruanos, Rialp. Madrid 2005, p. 72)
Por: P. Santos Doroteo Borda López
El año pasado 2005, Mons. Enrique Pélach ha cumplido los 88 años de edad y desde que llegó Abancay, en 1968, el panorama de la diócesis ha cambiando sustancialmente. Don Enrique es uno de esos silenciosos contribuyentes al desarrollo de nuestra Región. La suya, es una labor callada y escondida, se ha mantenido como los sillares de las grandes construcciones, que no se ven, pero que sin ellos no se sostendría el edificio.
Se mueve poco, camina en su habitación, va a su capilla privada a celebrar la Santa Misa y a hacer la oración y baja las gradas para ir al comedor. Físicamente se mueve poco, pero se dedica a la lectura, dialoga con los sacerdotes. Está enterado de todo lo que pasa en Abancay y en el mundo y es hincha del Barcelona que acaba de campeonar en Europa. Por otro lado, sin lugar a dudas, Mons. Enrique se mueve tanto como los jóvenes: contagia alegría y constancia; ofrece serenidad y entusiasmo, y por encima de todo es hombre de oración.
Tiene el cabello cano y sus manos están arrugadas; es de oídos lejanos y sus pasos son cada vez más torpes... El ama tanto nuestra tierra que se ha hecho un abanquino más; ¡y qué abanquino!
Gracias, Mons. Enrique, por tus ejemplos de amor y de entrega. Sin tus oraciones y tus sacrificios escondidos, haríamos poco o nada los que todavía correteamos en estos senderos apurimeños.
La entrevista de Mons. Enrique Pélach que ofrecemos fue hecha por el P. Santos Doroteo Borda.
¿Qué significa para Ud. cumplir 88 años de vida?
Cumplir 88 años significa dar muchas gracias a Dios por la vida, por tantos años, por las gracias continuas recibidas. Significa pedir perdón muy de verdad por los pecados, fallos y omisiones durante tantos años. Significa disfrutar de muchas cosas que ha querido hacer Dios, sirviéndose de mí como instrumento.
Una vida de servicio y entrega a los demás, a su pueblo, a su gente, ¿qué hace falta para palpar el amor de Dios?
Al cumplir 88 años he recordado aquella mañana de junio, por lo que debería hacer por la diócesis, cuando en el oratorio de la casa Prelaticia de Cañete escuché una voz que me decía: ¡Tonto!... Miré y no había nadie… Luego entendí lo que dijo: “Tú. Sólo como instrumento”.
Recuerdo que dije: “Si es así, me despreocupo. Hágase lo que tu quieras, cuando quieras y como quieras: Yo, instrumento en tu mano”.
¡Me duelen las veces que yo he obrado por mi cuenta!
Ha sido una gozada estar al servicio de los demás. Amar a la gente, amar este pueblo que me encomendó el Buen Dios y llevarlo al cariño de la Virgen Santísima.
¿Cómo estaba constituida su familia? ¿Cómo se llaman sus Padres? ¿Cuántos hermanos son? ¿Qué profesiones tienen?
Mis padres eran Juan y Enriqueta. Tuvieron 10 hijos: 6 varones y 4 mujeres. Todos muy unidos y queriéndonos mucho. Un médico y otro maestro y las hermanas profesoras de piano. Yo sacerdote, los demás, diversos trabajos.
¿Hubo oposición de parte de sus padres cuando Ud., se decidió hacerse sacerdote?
Mis padres estuvieron de acuerdo con el trabajo que quiso y eligió cada uno de los hijos.
En pocas palabras, ¿qué es el sacerdote?
Un sacerdote es un hombre elegido por Dios para dedicarse a la gloria de Dios y cuidad de sus hermanos los hombres, especialmente para su santificación y salvación.
¿Sabía algo de Abancay antes de que le hicieran Obispo? ¿Cómo encontró la diócesis? ¿Cuántos y quiénes eran los sacerdotes que trabajan en Abancay?
No conocía Abancay. Había 8 sacerdotes peruanos, 10 sacerdotes de habla inglesa, dos padres jesuitas y dos padres franciscanos. Yo vine con el P. Miguel Guitart (QEPD). Los jesuitas y los franciscanos se fueron al poco tiempo y dos peruanos también. Por Navidad quedaban 17.
En febrero llegaron de España tres sacerdotes: Mons. Isidro, Jesús Alonso y Luciano Ruiz.
Prácticamente entonces comenzamos la labor en la diócesis, con los retiros mensuales.
¿Cómo era la situación social de Abancay el año 1968? (pobreza, enfermedad, analfabetismo…).
La situación de Abancay era de mucha pobreza: Había 10 médicos en todo el departamento: 3 en Andahuaylas y 7 en Abancay. Analfabetismo, 62% en hombres y 80% en mujeres.
Alguna vez dijo Ud. que pedir cosas al Señor le era muy cómodo (respecto a la promoción social y a la edificación de la diócesis), pues bastaba con la oración y la confianza plenas en Dios. ¿Cómo debe ser la fe del sacerdote y de los fieles para seguir evangelizando?
Se comenzaron a hacer obras sociales: el asilo de ancianos, hogares para estudiantes, la Academia Seminario, Santa Teresa, arreglar iglesias. Cocharcas…, y ya de una obra a otra, sin parar, a base de oración de confianza total en Dios y yo sólo como instrumento en su mano… y se fueron haciendo las obras: Iglesias, casas parroquiales, conventos para religiosas, dos seminarios, postas médicas, noviciados, casas de retiros y docenas y docenas de obras de toda clase.
Creemos que el Seminario Mayor, del que hemos egresado cerca de 130 sacerdotes, es uno de sus proyectos que más gloria dan a Dios, díganos Monseñor, ¿cuáles eran sus alegrías y sus preocupaciones?
San Josemaría Escrivá de Balaguer, al visitarle siendo ya obispo, me dijo: Ya sé que no tienes seminario, pero deben tenerlo, sin prisas, cuando puedas…, aunque ahora se van cerrando todos y se pierden las vocaciones.
No fue fácil en aquel momento, incluso no nos atrevimos a darle nombre de seminario sino el de Academia, para que no se lo comieran los lobos que había por todas partes.
Comenzamos con un rector, el P. Jesús Alonso, y dos alumnos: luego uno, luego tres, luego cuatro…No teníamos más que cuatro cuando vino al Perú San Josemaría. A mi pregunta de si desistimos de tener seminario en Abancay y los trasladábamos a Cañete, preguntó si rezábamos. Le dije que sí y mucho.
“Muy bien hijo mío: continuad rezando y dentro de muy poco tendrás muchas vocaciones”. Y así fue. La profecía se cumplió: tuvimos que hacer un seminario y aun no estaba terminado, otro seminario (el Menor) porque no cabían las vocaciones.
Para mí ha sido un constante vivir una gran alegría. Alegría que encuentro al ordenar sacerdotes. Y a la vuelta de los años, mucha más alegría al ver que teníamos abundantes sacerdotes para la diócesis y para otras diócesis-.
Con el mayor respeto y cariño que le tenemos, quisiera que nos hable también cómo se prepara para los momentos más decisivos de su vida: ¿Qué es la muerte?
Llevo caminando hacia la muerte hace 88 años. De vez en cuando pienso más en mi muerte y con paz y con frecuencia con alegría me preparo para cuando Dios me llame.
Sé que vendrá y no sé cuándo ni cómo, pero tengo la firme esperanza que vendrá en el mejor momento: cuando Dios quiera. Esto me hace esperarla tranquilo y con ilusión. Es el paso necesario para ir al Cielo y yo deseo ir al Cielo y ver a Dios cara a cara y a mi Madre Santísima y todo lo demás.
Esperar en todo esto me ilusiona y me llena de esperanza. Confío plenamente en la misericordia infinita de mi Padre Dios.
Sé que puede venir la muerte con sufrimiento y esto me da algo de miedo, pero confío en la fortaleza que me dará el Señor y así lo pido a la Virgen.
Desde que estudiaba la Teología en el Seminario, hice voto de dar a las almas del Purgatorio todo lo que pudiere ayudarlas a salir del Purgatorio. Yo me quedé sin nada para mí. Sólo la indulgencia plenaria a la hora de la muerte, que espero me harán ganar las almas benditas.
Así, con gran paz y confianza en Jesús y en la intercesión de la Virgen Santísima, sigo caminando hacia mi muerte.
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