El 12 de mayo pasado, por segunda vez, ahora en el Cuzco, los sacerdotes de las jurisdicciones de Cuzco y Abancay, tuvieron otro encuentro de confraternidad.
El día jueves 11 de mayo, luego de la reunión pastoral mensual de Abancay, 30 sacerdotes partieron en un autobús hacia la ciudad del Cuzco. Durante el viaje se armó una estupenda tertulia de camaradería con cantos y diversas actuaciones; como es lógico, también hubo tiempo para rezar y encomendar el viaje. Llegamos a medianoche y luego de una frugal comida, nos fuimos a dormir en la casa de retiros, junto al Seminario Mayor San Antonio Abad.
A la mañana siguiente, tuvimos la eucaristía concelebrada, en la capilla del Hotel Monasterio, presidida por el P. Manuel Bravo, en la que resaltó la importancia del lugar, el Seminario San Antonio Abad, que fue determinante en la evangelización del sur del Perú, y que ahora nos tocaba a nosotros sacerdotes, ser esos mismos portadores de la Palabra de Dios para nuestros hermanos los hombres.
Desayunamos pronto en el Seminario y nos fuimos directos al estadio de San Jerónimo. El campo de fútbol, de excelente césped, nos ayudó a enfrentarnos en dos sendos partidos de fútbol. En el primer partido, el de los “masteres”, el marcador favoreció a los abanquinos; igualmente en el partido de fondo, el de la selección, el de los más jóvenes, resultaron ganadores los de Abancay.
Más que hablar de victorias o derrotas (habrá otra revancha en los meses próximos), lo interesante era compartir momentos gratos con los compañeros de aula en el Seminario, algunos ya calvos, pero igual, sudamos la camiseta y nos atrevimos a calzar los “chimpunes”.
De todo ello lo que más importa, son los momentos de confraternidad sacerdotal. El fútbol, siempre será un buen pretexto para orar juntos y vigorizar nuestro sacerdocio.
Finalmente, merecen mención aparte dos sacerdotes mayores. Se trata del P. Oscar, que aunque bordee los 80 años, desde la tribuna, entusiasta animaba el ambiente. Asimismo, desde Abancay, el P. Jesús López (que siempre se apunta a acompañarnos en nuestros periplos), sudó la camiseta, corriendo – a su ritmo- tras el balón; pero lo curioso era que además sacaba tiempo para mirar los aviones que pasaban casi rozando nuestras cabezas para aterrizar en el Velasco Astete.
Gracias hermanos sacerdotes del Cuzco por su hospitalidad y su generosa acogida. Creemos que estamos en el comienzo de muchos otros encuentros, que nos ayudarán a crecer en nuestra vocación de sacerdotes de Jesucristo.
|